Preguntar cuánto cuesta una web es como preguntar cuánto cuesta un edificio. La respuesta honesta es otra pregunta: de qué tipo, para quién, y quién la mantiene después. No es una evasiva, es la única forma de que la cifra sirva para algo.
Lo que sigue no es una tarifa. Es el conjunto de cosas que mueven la cifra, y los costes recurrentes que faltan en la mayoría de los presupuestos.
Qué mueve realmente el precio
Cuatro variables explican la mayor parte de la distancia entre dos propuestas.
Primero el tipo de web. Una web de cinco páginas y un catálogo de diez mil referencias no representan el mismo volumen de trabajo, y ninguna negociación cambia eso. Segundo, la proporción de diseño a medida: una plantilla ligeramente retocada y una maqueta dibujada para su negocio son productos distintos. Tercero, quién redacta los contenidos, la partida más subestimada de todo el proyecto. Cuarto, si el posicionamiento está integrado o se vende después como extra.
Cuando dos presupuestos se diferencian por cinco, casi siempre describen dos proyectos distintos. Ponga los alcances uno al lado del otro antes que las cifras.
Los cuatro costes recurrentes que faltan en su presupuesto
El alojamiento. Desde unos pocos euros al mes en compartido, suficiente para una web de presentación, hasta cien o más para una tienda con tráfico real.
El dominio. Pequeño, anual, y justo el que se olvida renovar.
El mantenimiento técnico. Actualizaciones, correcciones de seguridad, supervisión. En una plataforma con mucha superficie de extensiones no es opcional: es lo que le separa de un incidente.
El posicionamiento continuo. Las posiciones no se adquieren una vez. Una web en la que ya nadie trabaja desciende mientras la competencia sigue publicando.
Una regla práctica: prevea un presupuesto anual de entre el 15 y el 20 % del coste inicial. Una web comprada como algo puntual empieza a degradarse el mes de su publicación.
Desarrollo a medida o plataforma por suscripción
Aquí la mirada a tres años cambia la respuesta. Shopify publica de 29 a 299 dólares al mes según el plan, más comisiones sobre cada venta, y la personalización se mantiene dentro de lo que la plataforma permite. Un desarrollo a medida concentra el gasto al principio y después se detiene.
A tres años, contando suscripciones y comisiones, el desarrollo a medida sale con frecuencia por debajo, y la diferencia crece con el volumen. Por debajo de cierto volumen la plataforma gana solo por sencillez. No se trata de que una sea mejor, sino de que la comparación no dice nada el primer mes y es evidente al tercer año.
Cómo comparar dos presupuestos como es debido
Pregunte qué excluye el presupuesto antes de preguntar qué incluye. Redacción, fotografía, formación, redirecciones desde la web anterior y soporte tras la puesta en marcha son las cuatro líneas donde las propuestas divergen en silencio.
Después pregunte de quién es qué al final: el código, el dominio, la cuenta de alojamiento, la analítica. Si dejar a su proveedor significa empezar de cero, el precio del presupuesto no es el precio del proyecto.
Y desconfíe del presupuesto muy bajo por la misma razón por la que desconfiaría de un presupuesto de obra muy bajo. Rara vez elimina el coste, lo traslada a su futuro.
Empiece por sus propias cifras
Antes de pedir ningún presupuesto, conviene saber en qué punto está su web actual. Nuestra herramienta de auditoría gratuita la mide en segundos, sin registro ni dirección de correo: etiquetas, indexación, móvil, datos estructurados, tiempo de respuesta.
Con esas cifras, un presupuesto deja de ser una cantidad opaca y se convierte en una lista de cosas que arreglar. Si quiere el nuestro, describa su proyecto y le respondemos por escrito, por correo y sin reuniones.



